10 de junio de 2016

El futuro de la Prensa Digital (I)

Ya no es novedad ni noticia que las ventas de los diarios y revistas en papel han caído en picado en los últimos años, y que continúan haciéndolo. Hace poco pudimos contemplar la dramática última portada del diario The Independent.

Aspecto de la última portada del diario británico The Independent

Además de las decenas de referencias que podemos encontrar sobre el desplome en las ventas, podemos apreciarlo en nuestra experiencia cotidiana: ese vagón del tren donde antes reinaban los pliegos de los periódicos abiertos, ahora es un hervidero de viajeros pasmados frente a las pantallas de sus smartphones.

Los kioscos cierran sin traspasar el testigo a otro aventurado emprendedor, y los que sobreviven, van languideciendo. La prensa tradicional, basada en el papel, no es que esté en crisis, está en agonía irreversible. 

El quiosco de mi barrio lleva ya años en "Se Traspasa", sin éxito.
(foto: MilAnuncios.com)


Sin embargo, esto no quiere decir que la prensa en si esté herida de muerte, ni siquiera el periodismo (aunque este sería otro tema controvertido). Sigue existiendo la demanda de información, siguen habiendo lectores ávidos de conocer noticias, leer reportajes y consumir historias, datos y relatos. Está claro que el presente y el futuro de la prensa, como el del resto de productos basados en la información, es digital. Ahora bien ¿cuál es el futuro de la Prensa Digital? 


Hagamos un breve repaso de lo ocurrido hasta ahora.

Al principio, cuando todavía los diarios en papel eran el producto estrella, y las ventas y la publicidad gozaban de buena salud, lo digital era un subproducto derivado del papel. A partir de la edición impresa, se extraían titulares o noticias completas que alimentaban la página web asociada al diario, y poca cosa más. 

Entonces, la principal vía de lectura eran los ordenadores personales de sobremesa, y seguía siendo más sable consultar la prensa en formato papel. Sin embargo, al ofrecer la web la posibilidad de consultar los contenidos en abierto, no de un diario si no de todos aquellos que a uno se le antojara, empezó a ser más atractiva —y económica— la opción de consultar la prensa a través de los sitios web de los diarios. 

¿Tiene sentido una publicidad exterior de tu diario, maquetado para papel
 a varias columnas, enmarcado en un tablet?
(fotografía tomada en el exterior de la sede del diario El Día de Valladolid)

Éstos a su vez, optaron por ocultar la mayor parte de sus contenidos tras barreras de pago por suscripción, que no acabaron de funcionar, debido al temor a ser el primero y que los competidores aprovecharan para seguir ofreciendo contenidos en abierto y ganando lectores y popularidad, aunque fuera online, y ganar así rating e ingresos por publicidad digital. Así que tras una primera oleada de “candados”, la gran mayoría de cabeceras volvieron a ofrecer sus artículos en abierto, entregándose entonces a la publicidad en forma de banners de lo más variopinto para obtener ingresos.

Desaparece entonces el concepto de Edición (de la mañana, de la tarde) y aparece la Edición continua. Al no tener que depender de la rotativa, la prensa digital está constantemente actualizada, y las páginas web de los diarios se convierten en una suerte de teletipos en tiempo real que emite titulares dinámicos y donde los lectores acuden varias veces al día. La necesidad de consultar un diario en papel para estar informado se volatiliza paulatinamente. 

En estas circunstancias, entra en escena la crisis económica que socava los ingresos por publicidad de los diarios, y la aparición de un actor esperado: el tablet, en forma del iPad de Apple al principio. La lectura se hacía digital y móvil. 

Era la gran esperanza de la prensa digital, que veía cómo podía darle continuidad al formato tradicional, metiendo los contenidos en la pantalla de los tablets. De este modo, los lectores (y la publicidad, y las suscripciones, y los ingresos) migrarían del viscoso entorno de la web a unos relucientes periódicos digitales interactivos que harían volver al negocio a una nueva era de oro. 

Aparece entonces una plétora de apps “quiosco” que ofrecen los mismos contenidos que la prensa impresa (o a veces más contenido y mejorado) a cambio de un modelo de negocio que imita el tradicional: pago de suscripción mensual, anual o compra de ejemplares individuales. 

Aspecto tradicional de la aplicación "Newsstand" (Quiosco) de iOS de Apple.
(imagen: Adobe.com)

A pesar de que la aceptación de este producto no fue mala, y no son pocas las cabeceras que están presentes en las diferentes stores (AppStore, Play Store), las cifras de ventas y suscripciones distan mucho de ser las óptimas para dar rentabilidad a un producto digital que además ha de ser innovador e incorporar nuevos contenidos que son costosos de producir. El grueso de lectores sigue optando por consultar los contenidos en abierto de las páginas web de los diferentes periódicos, y declina realizar el esfuerzo de apuntarse a pagar por acceder al contenido en su tablet.

¿Qué hacer entonces? ¿Dónde está el fallo?

En mi opinión, la clave está en darse cuenta de cuáles son las costumbres asentadas de consumo por parte de los lectores. En concreto, reconocer cuáles son las vías por las que las noticias, y la información en general, llega hasta los usuarios. 

El lector digital ya no siente la necesidad de ser fiel a uno o más periódicos, si no que compara la misma noticia desde varias fuentes, ya que es extremadamente sencillo hacerlo. Por lo tanto, depositar una confianza más o menos ciega en invertir ni que sea 1€ en fijar la atención en lo que tiene que decirme un diario, y sin saber a priori qué me voy a encontrar dentro, deja de ser una opción. 

Por otro lado, la avalancha del Social Media ha cambiado por completo el escenario. Ahora, con casi todo el mundo pendiente de la pantalla de su smartphone o tablet a casi todas horas, en casa o en mitad de la calle, la información viene canalizada a través de los timelines de las diferentes redes: Twitter, Facebook, Instagram, Pinterest, etc. 

Es desde esos escaparates que se accede y se interactúa con las noticias, novedades, curiosidades, etc. Ya no existen unas pocas fuentes de información que la ofrecían de forma unidireccional hacia el consumidor. Ahora todo el mundo es lector y generador de noticias al mismo tiempo, y solamente aquellos pocos medios que lo presenten todo aglutinado de manera simple tendrán el beneficio de disponer del tiempo e interés del lector. Por lo tanto, es difícil que un solo diario o revista consiga ganar cuota de pantalla en el territorio del dispositivo personal de cada usuario.

Aspecto de la aplicación Apple News para el iPad
(fuente: TechoBuffalo)

En esta línea, en 2015 Apple al sacar el sistema operativo iOS 9 para sus dispositivos móviles, hizo una maniobra que puede ser un punto de inflexión: suprimió la app Quiosco (‘Newsstand’) que ofrecía un coto cerrado para aquellas apps de publicaciones periódicas y lo ha sustituido por una nueva app llamada Apple News (a día de hoy, solo disponible para los mercados anglosajones) que cambia radicalmente el modelo.

Apple News es una aplicación agregadora de noticias, como Google News, pero con un aspecto atractivo (tipo Flipboard) que suma la experiencia de la AppStore para intentar reimpulsar la prensa digital. 

El funcionamiento de Apple News es simple: es, literalmente, un mercado de noticias. Los diversos proveedores de información (diarios, revisas, agencias de noticias, etc.) elaboran sus notas de prensa en formato en bruto, sin añadir ningún tipo de diseño o maquetación más allá del etiquetado semántico de los contenidos y los metadatos.

Estas noticias en bruto se envían a Apple News, que las mostrará a los lectores de su aplicación en función de su perfil (intereses, localización geográfica, etc.) junto con publicidad contextual gestionada también por Apple, dentro de su programa iAd, pero donde el proveedor de noticias —de momento— recibirá el 100% de los ingresos del anunciante.

Es decir, se deja en manos de un solo actor (Apple) la distribución de los contenidos a través de una única aplicación, en lugar de que el usuario entre en un quiosco y elija qué aplicación descargar o a qué revista suscribirse. No es que las apps de este tipo dejen de existir, pero sí es un paso bastante firme hacia una adaptación de la prensa digital a las costumbres del lector. 

La mayoría de usuarios no emplean varias aplicaciones para informarse. Lo más habitual es usar alguna app que agregue noticias de múltiples fuentes (suscripciones a newsletters, feeds, o sobre todo Twitter) para obtener la información de primera mano y luego, en todo caso, acceder mediante un hipervínculo a la página de destino que contenga la información ampliada que nos interese.

En este contexto ¿cuál es el futuro esperable para la prensa digital? 


En mi opinión, centrarse más en el contenido que en el contenedor. De ahí que estemos viviendo ahora en la emergencia de una era dorada de las infografías interactivas y sobre todo de los gráficos en movimiento en forma de microcápsulas de vídeo y del inefable GIF animado. 

Hay muchas historias por contar y poco espacio-tiempo para mostrarlas, así que se impone empaquetar la información en un formato compacto y atractivo. Y sobre todo, bien posicionada mediante los metadatos, para tener la máxima repercusión. A fin de cuentas, la distribución de nuestras noticias, es decir, el camión transportista y el kiosco serán suplidos (si no lo han hecho ya) por un algoritmo.

9 de septiembre de 2015

Entrevista a Rosa Sala, de SeeBook

La industria de la edición digital está llena de actores de todo tipo y tamaño. Como todo lo relacionado con las Tecnologías de la Información, es un terreno bien abonado para la aparición de emprendedores y "start-ups" que exploten ideas innovadoras y disruptivas en un mercado que hasta hace poco se había resistido a la revolución digital.

Un de estos casos es el de Rosa Sala, fundadora de Digital Tangible, una empresa basada en Barcelona que se dedica a comercializar libros electrónicos que se pueden tocar, comprar en una tienda física, regalar e incluso dedicar y firmar. En este artículo entrevistamos a esta audaz e imaginativa emprendedora para que nos explica en detalle en qué consiste el concepto de SeeBook, así como nos aporte su perspectiva de este mundo de la publicación digital.


Ejemplo de colocación de los libros SeeBook en una librería física

En una frase: ¿en qué consistiría Seebook?

Seebook es un e-book que se puede tocar

¿Cómo y cuándo surgió la idea?

Surgió de mis reflexiones como autora. Mi vida anterior era de escritora, y cuando salieron mis primeros e-books (libros sin su “hermanito” en papel) y me di cuenta que era algo distinto. Y entre las cosas que echaba en falta en este nuevo universo digital era el poder firmar libros a mis lectores, poderlo vender in situ cuando daba alguna charla… y pensé que debería haber alguna forma de ligar ese e-book a un soporte físico. Así que después de comentarlo con mis socios, creamos una empresa, Digital Tangible, pensada para crear soportes físicos a productos digitales.

Ahora ya sin límite de espacio o tiempo: ¿nos puedes explicar cómo funciona Seebook?

Seebook e una tarjeta en forma de díptico que contiene en su interior los códigos necesarios para descargar un e-book. La forma más práctica es el código QR, aunque también existe la posibilidad de apuntar un código alfanumérico. Con dicho código, al entrar en nuestra web app, el lector elige el formato en el que desea el libro y a partir de ahí recibe un enlace de descarga en su correo electrónico. 
Los e-books que comercializamos no tienen un DRM convencional, si no lo que se suele llamar con un “DRM social” que es básicamente una marca de agua en las páginas del libro.

¿En qué lugares puede encontrar un lector los libros Seebook?

Actualmente, en más de 150 librerías de toda España, en una librería italiana y esperamos que muy pronto también en Foyles, en Londres, además de en nuestra tienda online.


Un e-book convertido en una postal que se puede regalar y dedicar


¿Trabajáis con editoriales grandes, pequeñas o con autores independientes?

Con todo tipo de editoriales y autores, pero tratando de equilibrar las proporciones. Sobre todo, por lo que respecta a autores independientes. Para muchos autores, su gran sueño es ver su libro en librerías. En algunos casos —pocos— los aceptamos. Pero muchas librerías nos acabarían rechazando si el porcentaje de autores independientes o desconocidos fuera elevado. De todos modos, para este tipo de autores tenemos otra línea, llamada Seebook Indie.

Seebook Indie es un producto muy similar, pero usando un código de descarga único, ya que se enfoca más a la difusión de una obra que a su venta en una red de distribución. Con Seebook Indie los autores pueden regalar sus libros (o venderlos por su cuenta), firmar y dedicar los e-books, además de acceder a una serie de estadísticas de descargas para poder estar en contacto con sus lectores.

A día de hoy, ¿cuál ha sido el grado de penetración de Seebook en el mercado?

Seebook es un producto joven (menos de un año).
Aun así, está empezando a “sonar” que Seebook es una alternativa para conseguir un e-book físico, que sirva de recordatorio y sobre todo que se pueda regalar.



SeeBook está presente en numerosas bibliotecas públicas como
complemento a la oferta de libros en papel


¿Crees que esta solución es algo interino en lo que todos lectores son digitales, o puede tener más recorrido?

Yo creo que puede ir más allá. Es cierto que ahora tiene una función de “producto puente” conveniente, en la medida que se vende en las librerías donde se venden libros en papel. 
No obstante, el hecho de poder trazar las descargas y hacer informes sobre ellos, añadir materiales extra, etc. hace que esta fórmula tenga sentido en otros ámbitos más allá del libro. 

¿Qué futuro le ves a la Publicación Digital en España y en el resto del mundo?

Yo creo que tiene todo el futuro, es el futuro. 

Si hay algún autor o editor escéptico, se trata que acepte que todo se digitaliza. Hoy en día el mundo es impensable sin lo digital. Los contenidos crecen a una velocidad de vértigo. Es algo imperativo estar ahí. 

Quizá el e-book como simple réplica de un libro en papel no tenga tanto recorrido, pero sí el e-book en combinación con otros medios de comunicación digitales vinculados a ese contenido. 

¿Crees que hay otro tipo de productos susceptibles de ser “Digitales Tangibles”?


Así es. Puede ser desde cursos, o catálogos de empresa. Tenemos otra línea llamada AvantBook pensada para esas empresas que se gastan una fortuna en catálogos impresos para repartir en ferias sin saber si acabarán en la papelera más próxima. Si en lugar de esos catálogos repartieran tarjetas con la tecnología de Seebook que permitiera descargar los catálogos por líneas de producto por separado, las empresas podrían saber qué interés han suscitado esas gamas de productos en los visitantes, ahorrando en costes y obteniendo un volumen impresionante de datos.


Rosa Sala.


21 de julio de 2015

Las publicaciones digitales y el contenido volátil

Hace casi un año publicaba un artículo titulado "¿Qué debería ser un e-book?" donde exponía los pros y contras de las nuevas tecnologías aplicadas a la edición de libros.

Hoy quisiera extender dicho artículo enfocándolo de una manera algo distinta, haciendo la pregunta en sentido inverso: "¿Qué no debería ser una publicación digital?".

En los trabajos de diseño y maquetación de publicaciones digitales en los que me he visto inmerso he visto una tendencia más o menos generalizada. El cliente final entiende que su publicación digital debe ser algo como la suma de una revista en papel + un DVD-ROM interactivo. Esta idea anclada en los medios clásicos acaba desembocando en un punto que no es nada cómodo ni para los maquetadores, ni para los desarrolladores, ni para los pobres dispositivos que tienen que sostener estos productos.



Y es que una publicación digital no debería ser un vertedero de contenidos.

Ya sea una revista, un catálogo, una memoria... existe la tendencia a preñar la publicación digital con vídeos HD, infinidad de galerías de fotos, etc. 

Creo que esto es un error. Entiendo que los autores o editores de la publicación les haga ilusión enseñar su producto que permite en pocas páginas darse un baño de contenido multimedia, pero en mi opinión es una estrategia que choca con muchas cosas, entre ellas, el Sentido Común.

Para empezar, los dispositivos móviles (tablets, smartphones) a pesar que han aumentado significativamente su capacidad en los últimos años, siguen siendo pequeños ordenadores a pilas, con una potencia de cómputo menor al de un ordenador de escritorio, y con una capacidad de almacenamiento limitada. Si de repente una gran variedad de publicaciones digitales pugnan por ocupar su espacio dentro de esos dispositivos, con todos sus MegaBytes de vídeos y fotos, al cabo de muy poco tiempo el usuario verá colapsado su dispositivo. Y los usuarios son conscientes de ellos y rechazan cada vez más esa invasión de su memoria sin contemplaciones.



Las publicaciones digitales han de ser ligeras, tanto en su "peso" (el espacio que ocupan en memoria) como en el uso de la CPU, pero también desde el punto de vista de la RX (Reader eXperience, Experiencia del Lector). 

Las lecturas, sobre todo en Smartphones, han de ser sintéticas, frugales, no experiencias excesivamente interactivas que acaben hastiando al usuario. En el mundo de las publicaciones digitales, se aplica más que nunca el consejo de Menos es Más.

Además, estamos observando una tendencia por parte del consumidor de productos digitales, sobre todo los pertenecientes a la franja de edad más joven, a un consumo de contenidos volátiles

Quizá el ejemplo más palpable sería el uso extendido de SnapChat, que los adolescentes están abrazando en detrimento de Whatsapp. SnapChat es un sistema de mensajería instantánea cuyo contenido multimedia se volatiliza una vez visualizado. No quedan constancias de largos chats o archivos adjuntos multimedia que también colapsan la memoria del dispositivo móvil.



Este detalle, que es ventajoso desde el punto de vista de la intimidad, también puede ser un buen planteamiento para las publicaciones digitales. Hace poco Apple anunció que reemplazará en el sistema iOS9 la aplicación Quiosco por "Apple News", que será un agregador de noticias a partir de contenidos en bruto provistos por los medios y dispuestos de manera bonita por la propia aplicación. No más revistas de centenares de megabytes estancadas en las profundidades de la memoria de nuestro tablet. Leer, marcar, compartir si fuera preciso, y a lo siguiente, à la Twitter.

Por eso, a la hora de pensar en el diseño de una nueva publicación digital o libro electrónico, yo prefiero optar por centrar los esfuerzos en el interface y el RX. Los contenidos pueden estar basados en su mayoría en la nube (vídeos en Youtube, imágenes en Flickr, etc.) y dejar la experiencia offline en algo ligero, más basada en textos, gráficos e infografías interactivas HTML5 de tamaño ligero. 

Si combinamos esta filosofía de trabajo con actualizaciones periódicas de la publicación, podremos adaptarnos a usuarios que no verán nuestra publicación como algo engorroso, pesado y obsoleto que hace que su teléfono o tablet vayan más lentos, si no un lugar donde pasar un buen rato de vez en cuando, y dejar la puerta abierta a carruseles infinitos de imágenes para cuando dispongan de conexión a internet. Incluso se podría dejar a la elección del lector qué conjunto de imágenes desea descargar de la nube y seguir viendo por ejemplo en mitad de un vuelo transatlántico. 








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